DEMOSTRADO CIENTÍFICAMENTE

Mucho antes de recibir el Nobel, en el transcurso de una jarana nocturna, el pillo de Richard Feynman orinó haciendo el pino para demostrar que la gravedad no intervenía en la micción. Logró alcanzar un lugar legendario en la fraternidad universitaria cuando, para horror de algunos y el morbo en los demás, bebió tres Coca-Colas mezcladas con aspirinas en distintas formas, dejando así revocada la creencia de que aquella combinación era mortal. Por ello, Darren Coroso, su resentido compañero de habitación, decidió someter a invalidación la teoría de que si bebes aceite de oliva en crudo antes de ingerir alcohol, ralentizas tanto la absorción de éste último, que apenas te emborrachas. Así que bebió, no sin asco, un gran vaso de aceite de oliva para luego vaciar entre risas y jolgorio dos botellas de whisky, media de bourbon y una de ginebra. Acto seguido, abrió muchos los ojos, y murió tras un breve pero bien ganado coma etílico. Muy a su pesar, demostró la falsedad de la teoría.
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