Nunca tuve que elegir

Siempre he podido vivir la vida que quería. Jamás tuve que detenerme a pensar y elegir la mejor opción. Pude hacerlas todas. Nunca tuve que decidir. Luego sólo tenia que cerrar los ojos, proyectarlas en mi mente y analizarlas en un sólo instante.

A mi madre le robaron la libertad. Creció en un mundo en el que la mujer no tenia voz, ni decisión. Vivió y creció oprimida la mayor parte de su juventud. En los últimos años de su vida adulta el mundo cambio, estalló la revolución. Fue libre y pudo finalmente trabajar en lo que siempre había tenido que estudiar y formarse a escondidas: Bioingeniería.

Ella, mi madre, vivió largos años... sola. Siempre me contaba que un día al ponerse el sol y quedarse sola en la oscuridad de la casa, esa soledad le ataco. Noto como caía sobre ella, a la vez que las sombras se alargaban. Le empujó sobre un roído sofá y la ató. Y tuvo miedo. Miedo a que todo lo que había conseguido en esta vida se perdiera. Miedo a que este nuevo Mundo libre parara y volviese a girar hacía atrás. Lloró, dejó que sus ojos y su mente se liberaran. Expulso toda su agonía y miedo a través de ese llanto solitario y silencioso. A la primera luz del Sol, se liberó de esas sogas invisibles y con determinación se fue a su laboratorio. Ese día nací yo.

En aquella casa, vivíamos una vida sencilla, no teníamos demasiado. Tampoco lo eché de menos. No puedes echar de menos aquello que desconoces. Mi madre se encargó de que no me faltara lo más importante: La libertad.

Me convertí ya en aquel entonces en una exploradora. Siempre sola, pero siempre acompañada. Vivía entre murmullos, risas infantiles y el eco de los pasos en aquellas cuatro paredes. Me gustaba observar a mi madre en su laboratorio, concentrada. Se podía pasar horas allí sentada escribiendo en sus cuadernos. Dibujando esquemas, ideas... Ahora que no está, cuando leo esos cuadernos, es como si estuviese aquí de nuevo.

No sé como lo hizo, como pudo crearme y criarme ella sola. De donde saco la energía y los recursos. Ella siempre había querido tener una hija, pero la naturaleza no se la dio. Y por eso me creó.

Yo soy yo, más mis otros 9 yos. Somos clones idénticos pero a la vez tan diferentes. Cada una de nosotras nos hemos expuesto a distinto estímulos y eso nos ha definido. Pero a la vez lo hemos compartido todo. El gran trabajo de mi madre fue desarrollar un sistema que nos permitiese conectarnos entre nosotras. Lo que una de mis yos vivía, lo vivía yo también como si de un sueño se tratase.

Cuando mi madre nos dejó, sólo nos pidió que no dejásemos que el mundo volviese a girar en el sentido contrario. En uno de sus cuadernos nos decía que nos había dado un poder , una herramienta que no todo el mundo tenía. Jamás tuve que decidir. Mis opciones crecen exponencialmente con cada nuevo paso que doy. Yo como conjunto puedo hacerlo todo y poner a prueba todas las hipótesis. Tengo el conocimiento necesario para predecir el futuro y todas sus variaciones. No Madre, el mundo volverá a girar en el sentido contrario.





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