ÁTOMOS PRESTADOS

Brígida apagó su Ipad. Había investigado la huella digital de su próxima cita, pero Gregorio debía cuidar muy bien su privacidad, tan sólo un perfil en Facebook con apenas actividad. Su suscripción en Loveconnection debía ser premium, porque no había ninguna entrada relacionada al teclear Gregorio Sánchez Medina en el buscador.
Empezaba el ritual antes de una cita, tenía que arreglarse. Estaba en esa edad en la que según su compañero Marcos las mujeres son invisibles. Marcos era tan irritantemente machista como tantos, y esos comentarios vomitados como sentencias eran perdonados por algunas gracias a su irresistible atractivo físico. Por eso Brígida cuidó los detalles al acicalarse, no quería disfrazarse de hembra apetecible y encontró el equilibrio con un favorecedor vestido azul y maquillaje discreto.
Cuando llegó al lugar del encuentro, localizó rápido a Gregorio, era el único hombre solo sentado en una pequeña mesa. De entrada, en la categoría “atractivo físico y presencia” de su rúbrica de evaluación mental, obtenía la mejor puntuación. Pero había más categorías con sus correspondientes indicadores de logro y satisfacción. Los años y la intuición se aliaban con Brígida y ya sabía que había obtenido la máxima puntuación de Gregorio en la categoría primera impresión desde la óptica varonil. Los ojos y el lenguaje corporal de Gregorio no mentían.
Tras unos minutos rompiendo el hielo con presentaciones y banalidades, ella apreció en Gregorio ese sello de genialidad que reconocía en algunas personas. En su descripción de la página de contactos decía que tenía estudios universitarios y que trabajaba en actividad comercial, parecía equilibrado, reparó en sus modales correctos, y sus habilidades sociales indicaban que estaba acostumbrado a desenvolverse en cualquier tipo de ámbito, por lo que a grandes rasgos prometía ser un ejemplar masculino de aceptables cualidades físicas y humanas . Cuando llegaron al apartado del guión “oficios y beneficios”, Gregorio contó que tenía una empresa de servicios de innovación en el sector funerario. Brígida sorprendida, pensó en cómo se reformulaban los nombres de actividades tradicionales por puro interés comercial y publicitario, ¿por qué no decía que era dueño de una funeraria? ¿quizás de un crematorio ecológico? Ella trató de ser original y le preguntó si fabricaba ataúdes de material fosilizable o tenía una flota de coches funerarios de lujo. A Gregorio le brillaron los ojos y una microexpresión de su rostro delató una sonrisa furtiva mientras pensaba que aquella mujer era diferente. Normalmente se enfrentaba a preguntas tan predecibles cómo: ¿trabajas con difuntos? mientras les cambiaba la cara, unas por estupor, y otras con intereses más materiales y terrenales vislumbrando un negocio de clientela asegurada. Esta vez se sintió confiado para contar que ofrecía un servicio funerario especializado en crear objetos personalizados con impresión 3D a partir de cenizas de la cremación. El morbo empujó a Brígida a preguntarle por algún personaje público solicitante del servicio, y por el objeto más original que le habían pedido. Lógicamente él fue discreto. Ese detalle sumó puntos en la rúbrica y continuó interesándose por detalles técnicos, su formación en Químicas despertó la curiosidad por saber las proporciones de cenizas y aditivos necesarios para que los extrusores de la impresora fluidifiquen con la densidad y viscosidad adecuada. Así supo que se utilizan polímeros, metal y cerámica y que se trata de una tecnología con patente registrada.
Brígida le planteó si era consciente de que las cenizas son materia inerte, una mezcla de sales de calcio y potasio, carbonatos y fosfatos, taninos y celulosa, con carbono en mayor proporción, en la que las diferencias están en las concentraciones en tanto por ciento de cada componente y en el color que aportan los residuos de la madera natural o sintética, los barnices y tapizado, y que en último extremo la diferencia la marca siempre el dinero. Comentó que el residuo tras la incineración es una cantidad astronómica de átomos identificados por su número atómico, que no nos pertenecen, porque la Naturaleza recicla, y reutiliza nuestros estables átomos de carbono 12 , mientras que en poco menos de seis milenios convertirá la mitad de nuestra muy escasa proporción de carbono 14 en nitrógeno que seguirá su propio ciclo. La insoportable conciencia de que no estaremos siempre, de que nuestra vida es un insignificante evento más en la historia del Universo y de que los átomos prestados que nos constituyen no llevan nuestra impronta explican la importancia de los rituales mortuorios a lo largo de la historia en todas las culturas.
Mientras Brígida hacía esa reflexión, un torrente neuroquímico y hormonal se desencadenó en el cuerpo de Gregorio. La conversación había calado en su cerebro provocando un caleidoscopio mental con otras perspectivas desconocidas. Sin duda ella era vibrante, y deseaba aquella compleja y maravillosa organización de átomos cedidos, sin identidad más allá del número de protones. Sí tendría una segunda cita con Brígida.





  • Visto: 374