Beep, beep

Suena un cronómetro. Corre un doctorando. Lo vemos cambiar líquidos, cambiar cestillos llenos de tejidos de una cubeta a otra. Reinicia el cronómetro. Beep, beep. Otro cronómetro que aún no habíamos visto. Molesto, lo vemos cambiar cestillos y cubetas similares. Mira el reloj con evidente fastidio. Se va a sentar, pero escuchamos otro cronómetro. No vemos este tercer cronómetro. Pero espera, vemos correr al doctorando a otro laboratorio y cambiar nuevas cubetas. Vuelve a sonar el primero. Vuelve a correr. Suenan otros dos. No sabemos dónde. Mira de nuevo el reloj. Un estudiante de prácticas debería haber llegado ya. Necesita una mano urgentemente, pero no halla nadie en la unidad. Todos los despachos y laboratorios están desiertos. Mira el reloj de nuevo mientras corre a silenciar cronómetros y cambiar más cubetas. Confirma que es día laboral. Que es hora laboral. ¿Pero dónde está todo el mundo? Busca en una caja con fondo verde llega de frascos muy pequeños. Parece no encontrar lo que busca. Sospechamos que un anticuerpo. Hay alguien que lo sabe, pero no está en escena. El ceño incrementa su presencia. Se supone que estaría ya aquí. Se supone que estaría preparado el anticuerpo, lo necesita para acabar la inmunohistoquímica. Mientras, suenan otros cronómetros, alguno nuevo, alguno viejo. Sigue corriendo de un sitio a otro, dando vueltas a dónde puede estar su anticuerpo. Sale del laboratorio, va a otro. El suelo esta encharcado. Se había dejado una botella llenando y se había olvidado de ella. Toda la sala inundada. Mierda. Para el grifo. Retira la botella y busca una fregona. Pero antes va corriendo a callar otro cronómetro. A estas alturas nos preguntamos cuál será el presupuesto de este equipo de investigación para cronómetros. Hemos perdido la cuenta de la cantidad que está usando nuestro protagonista y no paran de aparecer desordenadamente. Cronómetros y cubetas que requieren ser cambiadas. Baños, reactivos, anticuerpos, tampones. Todos necesitan cambios. El protocolo es claro. Diez minutos y cambio, media hora y cambio, treinta y cinco minutos, esta vez a 65ºC y cambio. Oh no. A 65ºC debe encender el baño que desde aquí podemos ver sin agua. Vimos a un miembro del equipo dejarlo ayer vacío, pero no revelaremos su identidad, no queremos que haya enfados ni mal entendidos entre ellos. Lo llena a toda prisa para poder hacer nuevos cambios que anuncian nuevos cronómetros. Debe ser una investigación muy importante, muy urgente. Si no, ¿por qué estaría haciendo tantas cosas a la vez? ¿No sería mejor que hubiese repartido el trabajo en distintos días? Solo el protagonista conoce la respuesta, y ahora no nos atrevemos a entrevistarle sobre nuestras dudas. Continúa. Vuelve a haber agua en el suelo. Limpia y continúa con sus infinitos cambios. Nuestros ojos nos engañan, no puede ser que le hayan salido dos brazos extra para ayudarle con los cambios. Nuestro protagonista con sus brazos extras continúa acallando cronómetros de diferentes salas. Suerte que está en buena forma física y puede ir corriendo de un sitio a otro. No sabemos cómo consigue llegar a todos los cambios, aunque detectamos que comienza a fallar. El cronómetro número 5 hace un rato que suena y es un cambio crítico si no reacciona rápido perderá el tejido. Volvemos a detectar agua. La sala entera está inundada. Si había cerrado el grifo, ¿de dónde sale? Eso intenta averiguar nuestro protagonista mientras manipula el sistema con sus cuatro brazos. No encuentra la fuga, el grifo está cerrado, pero ahora el agua llega a las rodillas. Hace tiempo que suenan varios cronómetros. Nuestro protagonista intenta ir de una habitación a otra, pero el agua sigue aumentando, vemos trozos de madera flotando en el pasillo, brillos de peces se distinguen entre el agua. ¿Qué demonios está pasando? Esta vez ninguno, ni el protagonista ni nosotros conocemos la respuesta. Vemos un buceador al final del pasillo, pero antes de poder investigar más, olemos humo procedente del primer laboratorio. El baño. Lo habíamos encendido sin poner el agua y se han quemado las resistencias. Nuestro protagonista cierra los ojos, al borde del llanto. ¿Qué ha pasado hoy? ¿Cómo ha llegado a esta situación? Escuchamos un pitido sincronizado de miles de cronómetros, nuestro protagonista abre los ojos. Se encuentra tumbado en su habitación. Apaga el despertador. Hoy es sábado, hoy no tiene que ir a trabajar, el doctorado puede esperar. Todas las tareas pendientes son para el lunes y tiene un día y medio libre de cronómetros y alarmas. Vuelve a cerrar los ojos. Despierta en otro sitio alejado del laboratorio. Continúa el viaje onírico.
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