Lena y las palabras

Cuando pensaba como había acabado no podía créelo. Nunca pensó en su final pero ahora se sentía satisfecha. Todo se ralentizó a su alrededor y entonces se desvaneció.
Unas días antes, Lena estaba enredada en hacer los planes de recorrido para la siguiente jornada. Todas las mañanas, al alba, recibía una lista con las órdenes de transporte de la mercancía. Desde su ventanal, en la torre de control, veía un espacio abierto y sobre el horizonte se dibujaba una red de islas, un archipiélago flotante, suspendido. Las conexiones entre todas esas islas y con la torre eran como un laberinto de raíces con una actividad frenética durante el día. Por eso la noche era el momento preferido de Lena. En los momentos inactivos de la noche, solía tumbarse a mirar los destellos de colores brillantes del cielo, tejido con luces que tintineaban. Ella era capaz de oír sus colores, saborear sus texturas y ver sus sonidos.
Allá abajo en la pista de trabajo se veían las marcas donde se colocaban los paquetes, después se abrían las planchas del suelo con una oleada de energía que llegaba desde la torre y que lanzaba los paquetes transportándolos por las raíces hasta las islas.
Pero esa mañana sintió un escalofrío. Llevaba días notando anomalías, los paquetes no circulaban bien y se producían atascos. De repente escuchó un grito:
¡Qué horror!, ¡un paquete se ha esfumado, no ha llegado a destino!
La respiración de Lena se aceleró, nunca antes había experimentado una situación de tal gravedad y no tenía un protocolo de emergencia que seguir, ¿qué hacer? Rechazó la idea de parar los envíos, eso produciría un colapso en el sistema aunque si continuaba podría perder paquetes valiosos. Habría que correr el riesgo, pensó abrumada por las consecuencias. Puso a su número dos al mando, Cubeli, y recorrió en lo que dura un parpadeo el camino al centro de operaciones, lo que llamaban, El Cerebro.
Cuando llegó vio un panorama desolador. Los sistemas fallando y los técnicos con caras desencajadas. Encontró a su supervisor negando con la cabeza.
- pero ¿qué ha pasado? ¿un terremoto, contaminación, sabotaje?
- Lena, El Cerebro falla. No sabemos si podremos recuperarlo pero nuestra investigación concluye que incrementamos los conflictos a cada día que pasa.
- ¿Cómo a cada día? pero ¿mi emergencia comenzó hace unos minutos?
- Eso es porque tu área se ha visto afectada la última, el deterioro en la calidad de la información siempre llega tarde a tu sector. Mantén la calma, vuelve a tu torre y continúa trabajando hasta que puedas. Te mantendré informada.
Alivio es lo que sintió al comprobar a su vuelta que los daños no habían ido a más y rápidamente llamo a todos los trabajadores de servicio. Mientras llegaban recapacitó, ¿por qué nadie me avisó antes?
- Bien - les dijo – tenemos una situación de crisis y desde El Cerebro no nos dan soluciones por ahora. Tendremos que crear un plan para minimizar los posibles daños y aguantar hasta que esto pase.
Se organizó una cadena de tareas. A Cubeli le correspondía abrir las cajas y sacar lo que considerara como clave. Otros se encargarían de almacenar lo seleccionado en el depósito y el tercer grupo de seguir con los envíos sin esos artículos.
Abrir cajas y ver todas esas palabras le generó cierta ansiedad a Cubeli. Tenía que encontrar palabras relacionadas con conciencia, amor, futuro y miedos pero era más fácil de decir que de hacer. La dificultad radicaba en que las palabras más importantes eran las que tenían un origen motor pero todas eran cambiantes y deformables. Por rutina tenía un detector de códigos en la mano y así ocurrió la serendipia. Con ese detector, Cubeli solía controlar que los destinos de los paquetes estuvieran bien designados y pensó que así podría identificar las palabras con el destino más importante, los sueños.
En su búsqueda viajo entre los sentimientos y recuerdos y se encontró con que allí estaban todos, los sueños que había tenido y los que aún no habían sido soñados.
Así es como llega el final de Lena que es el principio de esta historia. El depósito de las palabras tenía que ser sellado y enviado al archivo del Cerebro y ello requería de toda su energía. Y así fue como desde su puesto consiguió ganar el tiempo necesario para que El Cerebro confirmara que tenían que ajustar los niveles de serotonina. Y por ello colgaron una placa conmemorativa que decía:
- Muchas palabras se perdieron pero gracias a Lena y su función en El Corazón, las más importantes permanecen. Nunca imaginamos que podría ser conductora de nuestro destino. Esta placa asegura su recuerdo.
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