¿Quién vigila al vigilante?

La música estaba demasiado alta y el local estaba lleno, así que no le oía muy bien. Y sí, me había gastado más dinero bebiendo del que llevaba encima, pero el tal Dick no paraba de hablar y además me seguía invitando. No veo qué tiene de malo. Me cayó bien, y todas las chicas le conocían.

El caso es que contaba historias constantemente, y aunque me dijo que era científico o ingeniero seguro que fantaseaba un poco. Nadie podía haber hecho todas esas cosas, pero eran divertidas y tampoco me importaba. Yo sólo quería emborracharme y olvidar mi vida un rato. Ya no tenía casa, ni mujer, ni galería, ni nada. Nada. A mi edad.

[Por qué les cuento esto. Ni siquiera sé por qué estoy aquí.]

Aquel tipo no era como los que se ven en estos locales, pero tampoco parecía un científico, era otra cosa. Le dije que yo era pintor, y que los científicos se pierden la belleza de la vida y del arte, siempre con sus análisis y sus pruebas, diseccionándolo todo. Pero me hizo cambiar de opinión para siempre. Me dijo, "Imagina que viajas a Europa". No paraba de hacer acertijos, así que pensé que sería otro más. Me gustaban.

[No dejan de mirarse. Está claro que le reconocen.]

"Supón que vas a Italia, y que allí visitas Florencia, Roma y Venecia, y ves todas esas maravillas. ¿Prefieres hacerlo tú solo, mudo y sordo, o con alguien experto, que te explique todas las historias que hay detrás de tanta belleza? Pues eso hace la ciencia con el mundo, poco a poco". No supe qué decir. Tenía razón.

Pero luego, después de más copas con historias increíbles de samba y azafatas, se quedó en silencio un rato. Habían quitado la música y pronto empezarían a recoger. Es como si todo ese festival de anécdotas hubiera sido un paréntesis para él, y había terminado. Se había quedado muy serio, mirando el vaso vacío. Estaba claro que algo concreto le preocupaba.

Así que me volvió a hacer una de sus preguntas, pero esta vez sin brillo en los ojos, sólo mucha intensidad. Ya no estábamos de broma, y me preocupé un poco. Me dijo, "¿alguna vez has perdido a un ser querido?". Por costumbre pensé en mi mujer. Exmujer. Pero ya no era un ser querido y además estaba viva. Así que le dije "Mi madre. Murió el año pasado".

[Mi madre. Nada ha salido como ella hubiera querido. Pero esto a ellos no les importa. Quiero salir de esta habitación. Cuanto antes.]

"Perfecto", siguió Dick. "Ahora imagínate que tienes la oportunidad de salvar a tu madre. A muchas madres. A todas las madres de este país. Más aún, que puedes ganar la Segunda Guerra Mundial. ¿Lo harías??" Parecía otra persona, gesticulaba mucho y me pareció un poco loco.

"Claro", le dije. "¿Y quién no?". Empecé a estar incómodo. Se me quedó mirando un momento.

[Me miró con lástima. Me miró como a un niño que no comprende los problemas de los mayores. Y supe que la pregunta no era para mí, sino para él.]

"Y si para salvar esas vidas tuvieras que matar a alguien, ¿lo harías personalmente? O apretando un botón, ¡qué más da!". No me dejó ni pensarlo. "¿Y si murieran cientos de miles? ¿Acaso importa, si salvamos a millones? Pero la cuestión es, ¿lo harías tú?"

"Nada te garantiza que la guerra no se vaya a volver a repetir, solo que quizá la próxima vez las víctimas seremos nosotros. ¿Y entonces qué? ¿De qué ha servido?" Seguí callado, abrumado.

"Pero hoy es hoy. Y hay que hacerlo". Se había contestado a sí mismo, y yo no sabía qué decir.

Estaba claro que allí terminaba la noche, así que nos levantamos y nos fuimos. Nos separamos al salir, y nunca le he vuelto a ver. Ya les digo que era simpático pero no estaba muy bien de la cabeza.

"¿Nada más?"

"No."

"Muy bien. Puede irse, y si necesitamos algo más le llamaremos".

[No dije exactamente la verdad. Nunca se contestó sus propias preguntas. Pero está claro que ellos le vigilan y sé lo que tengo que decir para evitarle problemas. Dick me había inspirado, me había parecido lleno de vida y capaz de todo, y le deseaba lo mejor. Además, ¿quién les vigila a ellos? Que les den. Sonrío satisfecho, con ilusión, como hace tiempo que no hacía. Quizá aún no haya dicho mi última palabra en la vida, y se lo debía a aquel científico loco.]

La puerta se cerró, y aquellos dos hombres cerraron sus carpetas. Parecían satisfechos con la información. Feynman seguía en el Proyecto, aunque no había que perderle de vista.
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