La mirada del puma

¡Shhh! Silencio, la asustarás. ¿La oyes? Ése ronroneo… ah, creo que se ha ido...
Soy ilustradora. Y científica. Ilustradora científica, una afortunada encrucijada entre dos caminos.
Mis ilustraciones han sido admiradas y solicitadas por muchos. Hasta aquí, nada de particular. Una ilustradora de naturaleza con talento, eso es. Pero de aquí a un tiempo ocurre algo extraño… y maravilloso.
Me fascina el proceso mediante el cual un ser vivo cobra vida a medida que se perfilan los trazos. Vida propia, sí.
Me hallaba absorta en un encargo… un mirlo acuático. En el proceso, creí que la falta de sueño me ocasionaba alucinaciones. Oí claramente sus trinos. Con el rabillo del ojo capté una sombra que volaba veloz, aleteando hacia las cortinas. Sentí el suave golpeteo de unas patitas sobre la mesa de trabajo.
El fenómeno se repitió con otros trabajos y otros animales. Puedo afirmar que no estoy loca. Lo atribuyo a que mi arte superó la barrera del mero realismo pictórico y llegué a captar algo más, la esencia de cada organismo vivo.
Sin salir de mi estudio he escuchado, casi en trance, la canción de la yubarta y me he estremecido bajo la mirada del puma. He sentido sobre mi piel el hormigueo de una legión de termitas. He venerado la majestad y sabiduría de una secuoya. Pero sobretodo, con cada uno de ellos, he percibido su particular sentir. Su espíritu podría decir, de forma algo trascendental, aunque no soy capaz de expresarlo con palabras. ¡Cuán limitado es el lenguaje humano! ¡Cuánto desconocemos!
He experimentado como en sueños otras formas de percibir y de comunicar. ¿Qué transmite la medusa? ¿Y el tiburón? ¿Una orquídea? ¿Un hongo?
Lo colectivo es más que la mera suma de sus componentes, y tiene su propia esencia. ¿Cuál es el espíritu de un bosque? ¿De un arrecife de coral? ¿De un prado en primavera?
Con cada trabajo se amplía mi horizonte y mi comprensión. Quiero pensar que mis obras son capaces de transmitir algo de eso a sus destinatarios. Puede que sólo sea una vana esperanza. Pero lo que he experimentado, ¿no lo pueden experimentar otros? Si los dibujos cobran vida para mí, ¿no pueden estar vivos también para quien esté suficientemente atento? Suficientemente presente, suficientemente dispuesto a aprender, suficientemente dispuesto a admitir nuestra ignorancia.
Si crees que tú lo estás, hazme un encargo… soy ilustradora. Y científica. Puedo garantizarte, como mínimo, calidad en ambos aspectos. El resto depende de ti.
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