• Inspiraciencia

    IX CONCURSO DE RELATOS DE INSPIRACIÓN CIENTÍFICA

INSPIRACIENCIA es una iniciativa que relaciona ciencia y escritura de una manera lúdica, un espacio abierto para pensar e imaginar la ciencia desde la ficción

  • ADULTO

    Manifiesto Planctónico por unas nubes dignas

    Manifiesto Planctónico por unas nubes dignas

    Por la presente, notificamos a los humanos que hoy, de nuevo, ha vuelto a salir el sol. “Menuda novedad”, pensaréis. Somos conscientes de que vosotros no sois seres unicelulares moviéndose erráticamente por la superficie del agua de todo el planeta, sujetos a los vaivenes de las corrientes marinas y al paso de grandes buques que remueven nuestro hábitat. Por ello, os pedimos un poco de empatía para entender lo que os vamos a contar a continuación.

    Para nosotros, el fitoplancton marino, el sol supone un velo diario que se vierte sobre nuestras cabezas trayendo a partes iguales vida y destrucción. La misma luz necesaria para poder realizar la fotosíntesis, sustentando las redes tróficas del océano, y vuestras queridas pesquerías, también está compuesta por radiación ultravioleta. Y cuando esta incide sobre nuestro ADN (nuestras membranas celulares son fáciles de atravesar), se producen mutaciones que nos llevan, en última instancia, a la muerte. Para colmo, habéis destruido parte de la capa de ozono e impacta aún más radiación que hace solo unas décadas sobre la superficie del océano. Aunque firmasteis un protocolo a final de los años 80 y dejasteis de emitir muchos de esos nocivos gases, los niveles de ozono estratosférico aún no se han recuperado.

    Algunos de nosotros al menos tenemos flagelos y podemos movernos en vertical, escapando así a capas más profundas cuando la radiación llega. Sin embargo, muchos de nuestros iguales no tienen tanta suerte. Cada noche nos despedimos de ellos sabiendo que muy posiblemente mañana no estarán. Y hemos constatado que cada día sobreviven menos individuos. Pero no hagamos de esto un drama, somos seres unicelulares que nos reproducimos por clonación bastante rápido. Ciertamente, no sabemos muy bien si a quienes vemos a la mañana siguiente, son nuestros congéneres o no; bueno, en verdad siguen siendo ellos. Aunque, eso sí, con alguna modificación genética parte del proceso evolutivo ¡Ay, qué calvario supone la inmortalidad intermitente! Y luego decís vosotros que tenéis crisis existenciales. Si no morimos por la radiación, nos comen los copépodos, aunque después a ellos se los comen las larvas de los peces. La venganza, decís los humanos, no es buena; pero en el océano es inevitable. Y para qué negarlo, sienta bastante bien.

    Seremos seres unicelulares, pero sabed los humanos que ya hace millones de años que encontramos una solución a nuestros problemas ambientales. Leednos con atención, pues tal vez aprendáis algo. Obviamente, no podemos evitar que llegue radiación a la superficie del océano, ni tampoco somos capaces de evitar que los humanos sigan alterando la atmósfera. Lo que sí podemos hacer es usar un paraguas. Sí, un paraguas, como habéis oído. No sois los únicos seres vivos a los que se os ocurren inventos. Lo que sucede es que nuestro paraguas es algo especial. Nuestros ancestros descubrieron que algunos de los gases que producimos, aunque suene raro, pueden ayudarnos a luchar contra la radiación ultravioleta. Muchos de estos compuestos, cuando los liberamos en el agua, tienden acercarse a la superficie y pasar a la atmósfera. Su camino no es fácil, pues deben evitar ser comidos por las bacterias y atravesar la capa más superficial del océano. Pero una vez en la atmósfera, hemos constatado que reaccionan con otros compuestos mediante complejas reacciones de oxidación-reducción (las cuales no vamos a explicar porque no las entenderíais). Como producto final, se obtienen algunas partículas muy, muy pequeñas que llamamos aerosoles. Alrededor de estos aerosoles, se condensan moléculas de agua una y otra vez, hasta formar microgotitas de agua. Estas gotas se aglutinan en la troposfera para formar nubes. Y estas nubes evitan que llegue tanta radiación solar a la superficie del océano. Ellas son nuestros paraguas, y nos cuesta mucho esfuerzo producirlas. Por otro lado, también os ayudan a vosotros, ya que reflejan parte de la radiación solar y hacen que el calentamiento global, que también habéis provocado los humanos, no sea tan severo.

    Por todo lo explicado en este manifiesto, todas las formas unicelulares marinas que habitan la superficie de los océanos, con flagelos o sin ellos, autótrofas o heterótrofas, instamos a los seres humanos a que se comprometan a cumplir, ya no nuestras exigencias, sino aquellas que forman parte de vuestros “Derechos Humanos”. Concretamente donde se establece que: “Cada mujer, hombre, joven y niño tienen derecho a un medio ambiente seguro y saludable, así como a otros derechos humanos fundamentales relacionados con un medio ambiente saludable”. Exigimos a la humanidad que cese en sus emisiones de gases de distinta índole a la atmósfera en aras de mantener nuestra cobertura nubosa y así evitar el apocalipsis planctónico global y, de paso, garantizar la supervivencia del ser humano uniéndonos en la lucha contra el cambio climático.

    ¡El plancton unido jamás será vencido!

    Un saludo fraternal interespecífico,

    Federación Planctónica Global

    Océano, a 17 de mayo de 2019

    El legado de la humanidad

    El legado de la humanidad

    Los dos científicos discutían aquella idea de forma acalorada. Era una idea descabellada y que mostraba la más cruda realidad, la vida en la tierra desaparecería en cuestión de semanas. Sería nuestro último legado. Tras años de exploración espacial, solo unas decenas de planetas se habían postulado como posibles refugios de vida, pero todos ellos demasiados lejos como para alcanzarlos con la tecnología actual. El programa “Search for Extra Terrestrial Intelligence” (SETI) tampoco había descubierto ninguna señal electromagnética sospechosa de otros planetas. Todos aquellos indicios hacían pensar en la situación actual que la vida, y siendo más específicos la vida inteligente, solo había surgido en la Tierra y en cuestión de semanas desaparecería para siempre.

    Aquella discusión no hacía más que traer a ambos científicos a la realidad. El cometa detectado por la “International Asteroid Warning Network” en el Observatorio astronómico de La Sagra (Granada), se dirigía inequívocamente hacia la Tierra, y estaba determinado como nivel 10 en la escala de Turín. Su impacto en el océano Pacífico produciría una ola que arrasaría la mayor parte de la superficie terrestre, generando una catástrofe climática global y extinguiendo la vida de nuestro planeta. Nada se podía hacer para evitarlo, y los pocos que conocían de la existencia del cometa carecían de cualquier experiencia previa sobre cómo dirigir a la humanidad a sus últimos días. Aunque muchos ya se habían resignado a la catástrofe, el profesor Robinson de la UCLA junto con el profesor Aragón de la UGR discutían en privado:

    - Prof. Robinson: Debemos utilizar los recursos de la ONU en minimizar el impacto, y diseñar una estrategia para sobrevivir.

    - Prof. Aragón: ¿Pero no entiendes realmente la situación? El impacto del asteroide esta categorizado como nivel 10, y lo hará en el Pacífico, con un 99.9% de probabilidad. Las simulaciones muestran que una ola de más de 200 metros barrera la mayor parte de la superficie Terrestre. El cambio climático ocasionado tras el impacto asfixiará a cualquier superviviente. La órbita de la Tierra se verá afectada, y el campo magnético desaparecerá. La radiación solar acabará con cualquier remanente de vida. No hay nada que podamos hacer para que la Tierra sobreviva, pero quizás podamos salvar su legado.

    - Prof. Robinson: ¿Qué quiere usted decir? No quedará nada en este planeta que demuestre nuestra existencia. Las únicas pruebas serán las sondas Voyager y los rovers de Marte. No habrá vida que siga nuestros pasos.

    - Prof. Aragón: Ese es el problema. Esto ha sido discutido en miles de ocasiones. ¿Qué probabilidad hay de que la vida se genere en cualquier planeta? ¿Y vida inteligente que tenga conciencia sobre su propia existencia y entienda de la fragilidad y lo azarosa de su situación? La vida es solo una consecuencia de las características de nuestro planeta, consecuencia que no hemos podido observar a distancias practicables para nuestra tecnología. Es decir, solo en nuestro planeta se dieron las circunstancias esenciales para que la vida se originase, y solo en nuestro planeta esa situación fue tan estable que llego a originar vida inteligente, hasta llegar a nosotros. Pero esa vida, con toda su complejidad, es muy frágil. Y probablemente seamos, en todo el universo, los únicos en comprender esa fragilidad.

    - Prof. Robinson: Pero entonces, ¿qué propone? ¿sentarnos y ver como esa fragilidad nos alcanza y termina con nosotros? ¿Tiene alguna solución a nuestro problema?

    - Prof. Aragón: No, nosotros ya estamos condenados, pero la vida puede aún seguir adelante. Demos luz verde al proyecto “extraterritorial capsules of life”.

    - Prof. Robinson: Ese proyecto fue clausurado hace tiempo. Aun desconocemos si ni siquiera funcionará y las consecuencias que tendría.

    - Prof. Aragón: ¿Tendrá peores consecuencias que las que afrontamos ahora? Ese proyecto será nuestra última acción de misericordia con la vida. Mandaremos esas cápsulas a distintos planetas potencialmente sin vida, pero con condiciones favorables para la misma. Entre ellos están ciertas regiones del polo de Marte, otras de la luna Europa, o incluso planetas como Próxima Centauri b. Las cápsulas estarán llenas de organismos unicelulares, entre los que se encuentran multitud de especies de algas, protozoos, hongos, líquenes, bacterias y virus. La idea es mandar cantidades muy grandes de estos organismos junto con nutrientes suficientes para crecer un tiempo. Aunque las condiciones sean desfavorables en esos planetas, estos organismos crecerán, se adaptarán y evolucionarán y quizás, dentro de miles de millones de años, una nueva raza inteligente se abrirá camino y entenderá lo que tanto hemos tardado nosotros en hacer, la importancia de preservar, algo tan frágil y a la vez esencial, como es la vida en el universo.

    - Prof. Robinson: Sabe usted que primero tendrá que ser aprobado por la ONU, ¿verdad?

    - Prof. Aragón: Lo aprobarán, la ciencia no nos salvará a nosotros, pero sí la vida en nuestro universo. Será el legado de la humanidad para el Universo.

    HFD1, la rata obesa

    HFD1, la rata obesa

    HFD1 era una rata marrón bien criada, sana y esbelta; al menos hasta que el Criador le trasladó a una caja nueva con seis compañeras cuyas etiquetas iban desde HFD2 hasta HFD7. En su nueva caja, el Criador cambió completamente su dieta sana y equilibrada por una mucho más sabrosa pero claramente más insana, consistente en bollería industrial ad libitum. En la caja vecina se divisaban otras ratas menos afortunadas que seguían con una dieta sana y equilibrada, cuyas etiquetas decían CED1 a CED7. Más allá había otras cajas, pero HFD1 no era capaz de distinguir ni sus dietas ni sus etiquetas.
    Ni HFD1 ni sus compañeras comprendían por qué el Criador les había cambiado de dieta, pero HFD1 era una rata creyente y, por tanto, no se cuestionaba las decisiones del Criador, ya que se consideraba indigna de comprender sus inescrutables designios. Sus compañeras, especialmente HFD3, no estaban de acuerdo con la resignada postura de HFD1; de hecho, HFD3 se oponía a comer la insana bollería industrial porque valoraba mucho su salud. HFD3 se definía como agnóstica; es decir, pensaba que, si el Criador existiera, las ratas no podrían saber nada acerca de él. Para HFD3, todos los sucesos se debían al azar. Aplicando este criterio, el cambio de dieta podría explicarse si hubiese un inmenso número de cajas con ratas en las que las dietas podrían variar en tantas combinaciones que la suya era solo una más de las muchas posibles.
    Siendo coherente con sus creencias, HFD1 comió la bollería industrial sin plantearse ningún límite, sino que devoró hasta duplicar su peso corporal y sentirse realmente obesa, torpe y enferma al cabo de dos meses. Por el contrario, las demás ratas controlaron sus apetitos; particularmente, HFD3 apenas comió lo necesario para no morir de hambre y, en consecuencia, no aumentó significativamente su peso. La convivencia se fue complicando durante los dos meses de dieta alta en lípidos, llegando a causar tensas discusiones entre HFD1 y HFD3 en las que, ocasionalmente, intervenían las demás ratas.
    Súbitamente, la dieta cambió en la caja, de manera que una mañana apareció una harina de maíz negro en vez de los acostumbrados bollos. Las siete ratas se sintieron muy sorprendidas con el nuevo cambio. Ninguna era capaz de explicar el suceso. Por supuesto, HFD1 se limitó a decir que era la voluntad del Criador y que rechazarla era una blasfemia. Por su parte, HFD3 volvió a aplicar su razonamiento para decir que el azar había causado este cambio de dieta entre las infinitas cajas existentes. De nuevo no hubo acuerdo en la explicación del suceso, y tampoco hubo unanimidad en la reacción ante la dieta. En efecto, HFD1 hizo de tripas corazón para hincarle el diente a la insípida y poco estimulante dieta, mientras que las demás ratas apenas comieron lo necesario para sobrevivir hasta que el hambre doblegó su voluntad. Por su parte, HFD3 decidió que esta dieta era más conveniente para su salud y que, en consecuencia, podía comer una cantidad razonable.
    Transcurridos los 90 días pautados, una mañana las ratas no despertaron. HFD1 se durmió con la extraña sensación de olor a cloroformo. Su peso había disminuido significativamente y se sentía menos obesa, más ágil y más sana que antes, aunque no tanto como al principio. En su última mirada, alcanzó a ver a sus compañeras yaciendo en el suelo con sus estilizados cuerpos y su saludable aspecto.
    HFD1 no vivió para ver su nombre publicado en un artículo sobre los efectos beneficiosos de la ingesta de maíz con elevado poder antioxidante en ratas obesas. Por su parte, el Criador lamentó la inconveniente variación en peso y en las demás variables morfológicas y fisiológicas que observó entre las ratas y que causaban elevados coeficientes de variación que dificultaban la identificación de diferencias significativas entre tratamientos.

    “Por sus descubrimientos de los factores de crecimiento” (1986, Estocolmo)

    “Por sus descubrimientos de los factores de crecimiento” (1986, Estocolmo)

    Es de noche en Florencia, una noche de otoño de 1944. Rita está cansada, en el espíritu y en el cuerpo. Se sienta precariamente a la esquina de una mesa desde donde ve la inmensa sala, demasiado pequeña para toda esa gente, todo ese dolor que huele a enfermedad y guerra. En un momento de respiro Rita escribe, una carta que quizá nunca envíe. Sabe que Paola, su hermana, la comprende mejor que nadie.

    Queridísima Pa,
    Tú sabes cuánto he querido esto, después de tanta indecisión y tanto trabajo, cuánto me ha costado convertirme en médico. Tú sabes cómo hemos decepcionado los planes que nuestro padre, con todo su cariño, tenía para nosotras. Su amor cuando de niñas nos enseñaba a ser “libres pensadoras” no se cruzaba con esto, con la persecución, la guerra y mi dedicación a la ciencia.
    Soy médico y tengo todo lo necesario para demostrarlo.
    Aunque aquí, ahora, muy pocos se curarían de eso, de los papeles en regla, de las normas de las universidades, de la raza, de esos roles victorianos de esposa y madre que me resultan tan antinaturales. Sabes cuánto adoro a nuestra madre, pero hace mucho tiempo que decidí no ser como ella, no casarme, no obedecer, no ocupar un segundo plano por cuanto el primero se lo lleve un hombre de indiscutible intelecto y moral como nuestro padre. Si el mundo prefiere verlo así, en realidad sí estoy casada, solo que no con un hombre. Estoy casada con la ciencia, con la medicina, conmigo misma.
    Quiero entender el mundo, no creo que nunca me curaré de esa curiosidad. Nada me va a hacer más feliz que ayudar a los demás, no obstante mis limitadas capacidades. Y lo voy a hacer.
    Sin embargo, como ya sospechaba, me voy dando cuenta que mi sitio no es la sala de un hospital, no es estar al lado de los que comúnmente se llaman pacientes o enfermos en su día a día. En estas jornadas sin fin comparto todo con ellos. A las personas que llegan al campo y a mis cuidados muchas veces no les queda mucho más que su vida, pendiente de un hilo. El tifus se ceba con ellos sin esfuerzo y sin distinciones. Los veo caer a decenas frente a mis ojos, incluso cuando consigo cerrarlos. Hago todo lo que puedo, pese a que no hay mucho que pueda hacer. Espero seguir teniendo la suerte de no caer yo también. Pero su dolor me entra en el cuerpo. Y más en la mente, tanto que no puedo dejar de pensar ¿qué hay en el cerebro de la especie humana que la empuja a alejarse tanto de la razón? Si únicamente fuera mi cuerpo quizá lo aguantaría, pero mi mente, el acto mismo de pensar que nunca se apaga, me impide cesar de buscar el origen de tan bajos instintos, que llevan al odio, a la persecución, a la guerra…
    ¿Recuerdas de cuando tuve que dejar mi trabajo en la universidad en Turín? ¿Y luego escapar de Bélgica al acercarse de la invasión? La memoria del laboratorio que monté en mi habitación al volver a nuestra casa me hace brotar una sonrisa en los labios. Aquel carísimo microscopio y aquellas agujas que habían pasado de zurcir calcetines a operar embriones de pollo, mientras buscaba como se diferencian los centros nerviosos en ellos. Me acuerdo de aquellos paseos, el rocío en el verde de las colinas, mientras iba a la búsqueda de esos huevos imprescindibles para mis experimentos y nuestra alimentación. Sigo sintiendo un profundo orgullo por mi profesor, mi maestro, convertido en mi asistente en esas investigaciones, por cuanto su tamaño a cada movimiento ponía en riesgo la integridad de mis precarias instalaciones científicas.
    Sí, voy a dedicarme a los demás, voy a ser científica. Ahora sé que lo había decidido hace tiempo. Ése va a ser el viaje en el que embarcaré con tenacidad, aunque no sepa cuánto va a durar, sin miedo a las dificultades. Las miserias de la exclusión y la persecución sin lógica que nos han acechado me han afectado hasta cierto punto, pero el futuro no me da miedo. Pienso constantemente en ello y solo tengo curiosidad. La única cosa que voy a necesitar son mis capacidades mentales, y sé que las mías son las mismas que las de cualquier otro, hombre o mujer. Lo que haya hecho y que haga con ellas es lo que va a quedar de mí. ¿De qué voy a tener miedo?
    Paola, todavía no tengo todas las respuestas, así que seguiré buscándolas a esas, y a más preguntas. Esta epidemia de tifus y de locura pasará, y yo estaré lista para que no se me pase el tiempo sin aprovecharlo hasta el final.


    Con todo mi afecto,

    Rita

    Los titiriteros de Cronos

    Los titiriteros de Cronos

    Desde la época de la Ilustración, los seres humanos se han obsesionado con el progreso.

    Sintiéndose solos en un mundo inclemente, se han convencido de que la solución es seguir hacia adelante, y atreverse a pensar por sí mismos.

    Qué estúpidos han sido.

    Nosotros siempre hemos estado allí, detrás de los hilos.

    Y no tienen ni idea de lo delicioso que es ir para atrás.

    Somos los Dashasseira'Teloth, aunque, en terrícola y comparando sus figuras mitológicas con las nuestras, seríamos los "Titiriteros de Cronos".

    Nuestro árido planeta jamás tuvo nada que aprovechar. Perdido en los confines de una galaxia sin nombre, nuestro pueblo fue testigo de cómo otros planetas cercanos eran engullidos por aquellos monstruos, aquellas "manchas" negras de destrucción gravitatoria conocidas como Agujeros Negros. Era casi irónico: los mismos soles que, en forma de luz y calor, habían dado la vida a los habitantes de tales planetas, se habían transformado en tenebrosas fauces insaciables. Ahora, estaban dispuestos a devorar las últimas ruinas de civilizaciones ya extintas, que habían perecido congeladas y en la oscuridad a merced de una estrella apagada, o abrasadas por la Supernova.

    Sabíamos que, tarde o temprano, nos esperaría el mismo destino que a nuestros vecinos, y adoptamos una postura existencialista. Ya que nuestra especie estaría condenada a desaparecer en unos siglos, en unos milenios siendo optimistas, dejamos atrás todo lo que nos había caracterizado. Abandonamos las artes, la religión, el culto a las relaciones sociales o la ética. Como animales enjaulados, nos consagramos a lo único que podría liberarnos de nuestras ataduras, antes de que nos estrangularan: la ciencia.

    De hecho, fue gracias a los intelectuales que descubrimos que estábamos cerca de enormes masas de Materia Oscura, pero que no correspondían a Agujeros Negros: estábamos rodeados de Agujeros de Gusano. Teníamos una infinidad de portales espacio-temporales al alcance de nuestra mano. Y, a diferencia de otras civilizaciones galácticas, tuvimos la suerte de poder estudiarlos en profundidad.

    Somos oportunistas por naturaleza, y hemos actuado en consecuencia.

    Hemos puesto todos nuestros medios en perfeccionar máquinas reductoras que pueden hacer que adoptemos el tamaño de un virus, y así hemos desafiado la Conjetura de Protección Cronológica. Hemos sabido detectar y esquivar los Anillos Romanos, y hemos descifrado todos los misterios de las Curvas Cerradas de tipo Tiempo. Hemos echado por tierra la Paradoja del Abuelo con respuestas que el simple cerebro humano ni es capaz de imaginar; y, en nuestros viajes por el espacio-tiempo, hemos creado toda la divergencia de líneas temporales que han dado origen al Multiverso, cuya existencia los terrícolas se han negado a creer.

    Pero, sin que lo supieran, ni ellos ni ninguna civilización galáctica, nos hemos convertido en los dioses de todos los universos.

    Nos hemos alzado de nuestras cenizas, y nos hemos convertido en conquistadores.

    Nuestro método de actuación es fácil. Cuando vemos que algún planeta en alguna época tiene algo que deseamos adquirir o cambiar, comprobamos si alguno de nuestros millones de Agujeros de Gusano puede llevarnos hasta ese momento y lugar. Y, si es así, manipulamos la Historia a nuestro antojo. Hacemos cualquier cosa que nos permita llegar hasta nuestro objetivo. La línea temporal alterada y la intacta se separan, y formamos dos nuevos universos. Después, está en nuestras manos destruir todo el universo original, para conseguir forjar un único cosmos sometido a nuestros deseos... tenemos la tecnología necesaria para ello, y mucha experiencia haciéndolo.

    Como es de esperar, algunas civilizaciones galácticas son más temerosas que otras, y se han "protegido" en sus propias mentiras. Los humanos son expertos en eso. Se han dicho a sí mismos que, en caso de haber viajeros espaciales, ya los habrían conocido, y que no hay nada que temer. Que alguien ya habría venido a enseñarles las maravillas del futuro, hablando de los prodigios de una "máquina del tiempo". Parecen no darse cuenta de que hemos hecho caer reyes, inventado algunos de los muchos dioses que siguen adorando, y provocado catástrofes naturales; todo a la sombra de su escéptica mirada. Además, al fin y al cabo, los "supervivientes" de nuestras incursiones temporales no son más que proyecciones paralelas de quienes las vivieron en realidad, y sus descendientes jamás tendrán la manera de saber que hubo otra "versión" de la Historia original.

    Somos los Dashasseira'Teloth. Somos infalibles, somos imparables, somos inmisericordes.

    Somos eternos, y permaneceremos mucho después de que tú te hayas ido.

    Ahora mismo, tienes suerte. Tienes suerte de que tú, con tu patética vida y tus patéticos seres queridos, viváis en el universo vigente, uno que nos interesa tal y como está, cuya Historia no es necesario cambiar.

    Pero dime, humano...

    ¿Qué te hace pensar que eso va a seguir siendo así para siempre?
    JOVEN

    Mutatio

    Mutatio

    Hace casi cien años que el último árbol sobre la tierra desapareció, hace cien años que las tormentas, los huracanes y los incendios erradicaron toda existencia a su paso, hace casi cien años, que el ser humano está a punto de extinguirse. Todo comenzó en el año 2060 con cambios en el clima. Fuertes lluvias, el cambio de mareas y heladas provocaron el comienzo del debacle de la raza humana.
    Durante los próximos años, un multimillonario norteamericano comenzó a invertir en lo que muchos consideraron como un adelanto de la catástrofe de su raza. Eric Jackson, un joven multimillonario licenciado en biotecnología y medicina en una de las mejores universidades del mundo, conocido por ayudar y desarrollar alimentos modificados genéticamente para conservarlos durante las heladas. Eric comenzó a investigar una solución para la permanencia del ser humano, y de esa manera conseguir sobrevivir a las heladas.
    Durante dos años, Eric investigó y desarrolló un método nunca antes tratado con animales y mucho menos con seres humanos. A partir de sus estudios sobre biotecnología, Eric desarrollo un método con el que consiguió clonar un ser humano, pero modificado genéticamente para sobrevivir a todas las enfermedades y situaciones extremas que aquello conocido como la purga, podría conllevarles. En un principio, el prototipo de Eric fue todo un éxito y comenzó una nueva raza sobre la tierra. Rápidamente se modificaron más individuos, de tal manera que veinte años después de la muerte de Eric, los individuos modificados consiguieron aumentar la población mundial y por ello asegurar la supervivencia de la especie.

    Los próximos años transcurrieron bien. Los pocos humanos que todavía sobrevivían morían cada vez más, pero en cambio los individuos modificados parecían desarrollar técnicas y sociedades mucho más inteligentes que sus antecesores los seres humanos. Pero todo cambio y comenzaron a producirse extraños sucesos. Cambios en el comportamiento de los individuos modificados, hostilidad con otros miembros, la mayor parte humanos. Durante el verano del año 2149, los individuos modificados se descontrolaron, primero en Egipto, donde se encontraba la mayor parte de las plantaciones de alimentos en el mundo.

    Durante años, los modificados mataron y arrasaron a todo aquello que se cruzaba en su camino. Uno de los pocos humanos que todavía conseguía sobrevivir era el tataranieto de Eric, John, quien fue modificado únicamente para sobrevivir a la helada y de esa manera asegurar la permanencia de un Jackson. John siguió los pasos de su tatarabuelo y estudió las técnicas y los procedimientos de la biotecnología y la clonación e investigó sobre el comportamiento de los modificados. John descubrió el único error que cometió Eric pero a su vez el peor error que se podría cometer durante la clonación. Eric desarrollo uno individuos capaces de sobrevivir a cualquier condición pero Eric olvidó una cosa, no modificó el gen que les permitiría adaptarse o sobrevivir los alimentos transgénicos que Eric desarrollo para su supervivencia durante las heladas. Lo que Eric creía haber descubierto era una bacteria que se desarrollo en los transgénicos, la cual fue la encargada de acabar con la gran parte de la población humana. Eric, sobrecogido, se dio cuenta de que su tatarabuelo, aquel que consiguió salvar y ayudar a la supervivencia de la especie, cometió el error de modificar el gen que les permitiría sobrevivir y combatir cualquier enfermedad o bacteria que estos alimentos pudiesen producir. Pero desgraciadamente, ya era demasiado tarde, la plaga de los modificados se extendió por todo el globo, hasta pasar de los salvadores de la especie a su desaparición.

    Durante los próximos años, John continuó investigando esta nueva y dominante raza que cada vez más avanzaba con gran rapidez y parecía estar dispuesta a comenzar una nueva civilización en la Tierra. John viajo y huyó de los modificados a lo largo de todo el mundo para investigar y datar el comportamiento y actitudes de estos seres. Al alcanzar una edad avanzada, John decidió dejar de huir y correr, harto de luchar en vano por los errores que cometió su tatarabuelo en el pasado. Desesperado y débil, aquel que parecía ser el último humano en ese frío y destrozado planeta escondió y guardó sus estudios y todo por lo que luchó durante tantos años con la esperanza de que un día, alguien lo encontrase y fuese capaz de hallar una solución para el error cometido por un hombre que antaño fue la salvación de la raza humana.

    LA GOTA DE AGUA "Angela"

    LA GOTA DE AGUA "Angela"

    NUESTRA GOTA DE AGUA “ÁNGELA”


    Nuestra gota de agua vivía tranquila en el mar Mediterráneo entre Córcega y Cerdeña cuando un día de sol abrasador se convirtió en gas evaporándose y haciéndola muy liviana.
    Ángela se asustó mucho y gritando subió y subió hasta encontrarse en las alturas con más gotas de agua convertidas en vapor. Algunas de las que encontró en el cielo venían de lugares tan remotos como los Alpes suizos, donde anteriormente habían sido nieve, y todas juntas viajaron hasta que un frio muy intenso las condensó en gotas más pesadas, y mientras se despedía de las amigas que había hecho en el cielo, estaba precipitándose hacia el campo de futbol “José Zorrilla” de Valladolid (una ciudad de Castilla y León que se encuentra España) donde, en ese preciso instante, se estaba disputando la final de la Copa del Rey de España, en la que se enfrentaban el Real Valladolid y el Real Madrid.
    Ángela aterrizó en el campo, se filtró y tras fluir por varias tuberías, llegó a un pozo subterráneo del estadio de fútbol, donde conoció a las que serían sus amigas en las aventuras que le esperaban. Entre ellas estaba Silvia, otra gota de agua que llegó en circunstancias parecidas desde el sur de Francia, y con la que se llevó especialmente bien a partir de entonces. Durante unos cuantos días pasaron por alcantarillas y arroyos hasta que llegaron, sin ser conscientes que la historia acababa de empezar, al río Pisuerga donde se encontraron con muchas más compañeras.
    En el río todo era divertido y nuestra gota Ángela se lo pasaba muy bien, hasta que un día un rebaño de ovejas llegó a la orilla del río y no tuvo escapatoria, una oveja se bebió a Ángela. Paso unas horas muy triste a oscuras y sola, preguntándose dónde acabaría o si sería su final. De pronto cayó en el patio de una granja de ovejas maloliente cerca de Arroyo de la Encomienda. Aquí se vio arrastrada hasta una alcantarilla, y justo en ese momento se produjo la mayor casualidad de la historia, que no fue otra que encontrarse con su amiga Silvia, que por lo visto fue bebida por otra oveja del mismo rebaño y rodeadas de suciedad se contaban lo mal que lo habían pasado en la barriga de su oveja.
    Tuvieron tiempo de recordar su paso por el campo de futbol, algo que ahora les parecía unas vacaciones comparado con lo vivido en la granja. Estaban en esta conversación cuando de pronto se encontraron impulsadas hacía arriba por unas gigantescas bombas de un gran pozo. Más tarde sabrían que habían llegado a la depuradora de aguas residuales de Valladolid. Tras las bombas pasaron por rejas de distintos tamaños y decantadores con formas circulares, de un lugar a otro iban pasando dejándose llevar por la corriente, hasta llegar a unas piscinas gigantescas donde millones de bacterias empezaron a alimentarse de toda la porquería que se las había pegado durante su paso por la granja de ovejas.
    No todas las bacterias eran iguales, a algunas les gustaban más los desechos orgánicos como los excrementos de las ovejas, y a otras las sustancias más grasientas. El caso es que, tras ser conducidas por este laberinto de piscinas, las bacterias junto con otras muchísimas gotas de agua llegadas de distintos sitios con peligrosas historias vividas, y sucias al igual que Ángela y Silvia, pasaron a unas nuevas piscinas que eran incluso más grandes que las visitadas hasta el momento, donde todo fluía de forma muy tranquila y aburrida.
    Llegados a este punto de la depuradora, las bacterias habían engordado una barbaridad tras el banquete que se habían dado con la suciedad que llevaban Ángela, Silvia y los millones de compañeras que llegaron junto a ellas.
    Gracias a lo gordas y pesadas que se volvieron las bacterias en las anteriores piscinas, Ángela y sus compañeras consiguieron ser nuevamente unas gotas limpias, y por fin unas horas más tarde fueron todas devueltas al rio muy contentas, pero a la vez muertas de miedo por si volvían a encontrarse con otro rebaño y vivir una experiencia tan desagradable y sucia. Discurrieron por el rio hasta que llegaron al mar, pero esta vez no al Mediterráneo, de donde venía Ángela, sino al Océano Atlántico donde las dos gotas hicieron nuevas amistades, a las que impresionaron contándoles su historia, aunque ellas habían vivido experiencias que también impactaron a Ángela y Silvia.
    El último paso por la depuradora era muy común entre los distintos relatos que escucharon en el Océano Atlántico, pero se dieron cuenta que en su nuevo hogar NO todo era limpieza y felicidad, se encontraron con una gran cantidad de microplásticos llegados de todo el planeta por culpa del abuso que se hace de ellos por la humanidad.

    Galileo

    Galileo

    Era una mañana normal y corriente para Alain; como todos los días, él se levantaba de la
    cama, se vestía para ir al colegio y desayunaba. Por ahora, parece que su mañana es igual a la
    nuestra, pero lo que no sabíamos es que él se pone cuatro zapatos y sus camisetas tienen tres
    mangas.
    Bajó las escaleras y preparó su desayuno como siempre mientras su madre dormía, Alain cogía su mochila e iba al colegio andando acompañado de su amiga Maider. La rutina cambió, puesto que, hoy hace más de 12 años que avisaron sobre la futura falta de oxígeno en Galileo.Hasta hoy, solo una organización de gente se había preocupado de hacer todo lo posible para arreglarlo, pero nadie ha podido aún evitarlo; y, de golpe ha fallecido un cuarto de la población del planeta entero; entre ellos está la madre de Alain, el cual es hijo único y vivía con ella, y ahora está sumido en una profunda tristeza.
    Gracias a que ya tiene 14 años, en Ganímedes (su país) Alain puede vivir solo. Además, está muy interesado en poder acabar con el problema que ha matado a su madre. Por ello, busca la manera de solucionarlo..

    —10 AÑOS DESPUÉS—
    Alain se ha levantado hoy de buen humor y ha llamado a Maider para tomarse un Café antes
    de irse al Centro de Investigación de Ganímedes (CIG), donde ahora los dos trabajan juntos.
    Alain y Maider son partidarios de que debemos encontrar una manera de salir de Galileo,
    sobre todo Alain, tiene una hipótesis de que no podríamos aguantar más de tres años sin oxígeno, sino que también desaparecería nuestro planeta por el gran meteorito Calisto (meteorito que es atraído por la contaminación de alto riesgo en planetas cercanos).
    Dicho esto a Alain se le ocurrió una idea junto con Maider y dijo algo que se viralizó:
    -Sí, desde pequeños nos han hablado siempre del sistema Lunar en el que están los tres
    planetas Galileo, Ío y la Tierra; y todos sabemos que Ío es también llamado el planeta en
    llamas, deberíamos intentar hallar una manera de salir de Galileo hacia la Tierra; eso
    sí, investigando primero. ¿¡Qué me decís!? - argumentó Alain.

    GALILEO 1

    Esto hizo reflexionar a mucha gente e hizo que tuviera tanta repercusión como para que
    los presidentes del mundo colaboraran.
    Hoy es 21 de junio, y hoy se cumplen diez años de la muerte de la madre de Alain.
    Está pasando una mala temporada ya que no para de pensar en ella. Pero, aún así,
    durante estos tiempos duros por los que está pasando, ha hecho uno de los descubrimientos
    más elaborados y mejor llevados a cabo de toda la historia de la ciencia en Galileo, aunque él
    todavía no lo sabe. A la mañana siguiente, solo se podían leer titulares sobre: La solución de
    nuestras vidas, Alain el científico salvador, Este hombre nos ha salvado la vida...

    Alain había estado trabajando durante meses con el presidente de Ganímedes, y le
    estuvo aportando dinero para que pudiera realizar su proyecto junto con Maider y
    estuvieron comprando todos los materiales necesarios.

    Estuvo trabajando en una nave espacial hecha especialmente para las personas que no
    hubieran cometido ningún delito grave.
    Pero, los ciudadanos que hubieran cometido un delito grave no se quedarían a las
    puertas de la nave, sino que trabajarían para la construcción y distribución de alimentos una
    vez en el viaje.
    Los ciudadanos viajarían en cápsulas de hibernación con oxígeno insertado en ellas.

    Dicho esto, Alain sumido en sus pensamientos de tristeza decidió ir a hablar con Maider,
    como siempre hace cuando necesita algo de compañía. Ella vio la mirada perdida y triste en
    los ojos de Alain y enseguida supo que necesitaba un abrazo. Solo quedaba un mes para que
    tomaran rumbo hacia la Tierra y Alain y Maider ya tenían todo preparado.

    Llegó el día de dejarlo todo atrás y la gente estaba muy nerviosa y ansiosa a
    la vez, pero no tenían nada por lo que preocuparse porque se habían estado entrenando estos
    meses atrás.

    Llegaron a la Tierra y se sorprendieron porque había salido todo bien y nadie
    salió herido excepto Maider.

    GALILEO 2

    Alain está muy preocupado por Maider y se queda con ella ayudándola a recuperarse
    ya que se había desmayado.
    Se abrieron las puertas y no había silencio absoluto por el canto de los pájaros y el caudal
    del Río.

    -1 AÑO DESPUÉS-

    Alain y Maider han formado una familia, tienen un perro que se llama Galilei y están
    felices de poder vivir en un país que todavía y por ahora es seguro. Ha sido su salvación.

    LA SAL

    LA SAL

    Nadia, integrante de la familia Sodio, cuyo emblema es Na, es muy positiva, siempre está contenta. Por ejemplo, si pierde algo se alegra porque alguien lo habrá encontrado y está segura de que le dará un buen uso.
    Un día iba paseando por la calle y se encontró a un chico del que nada más verle se enamoró.
    Le preguntó a su amigo Hugo, que era miembro de la familia Hidrógeno, con el que se llevaba muy bien porque cuando se juntaban surgía una química especial llamada Hidruro de Sodio. Hugo le dijo que ese chico iba con él al colegio y que se llamaba Clars, que era miembro de la familia Cloro, cuyo emblema es Cl y era muy negativo, por ejemplo, antes de hacer un examen ya estaba llorando porque decía que le iba a salir muy mal.
    Hugo le dio su número de teléfono y ella le llamó.
    Estuvieron hablando un tiempo por Whatsapp porque Clars no quería quedar con ella porque al ser tan negativo pensó que a ella no le iba a gustar, así que Nadia tuvo que insistir para que accediera para que se conocieran en persona.
    En cuanto se encontraron se enamoraron porque eran la unión perfecta: ella con su lado positivo y él con su lado negativo, acababan siendo neutros, a eso lo llamaban Compuesto iónico, aunque ellos preferían que les llamaran SAL.

    La autodestrucción del ser humano

    La autodestrucción del ser humano

    Estamos en el año 2371. El mundo ha sido arrasado a causa del ser humano. Las calles están deshabitadas. Las principales ciudades del mundo se han visto colapsadas: Tokio, Nueva York, Berlín, Moscú... La contaminación ambiental ha llegado a niveles que hacen de la Tierra un planeta inhabitable para el ser humano. A causa de los altos niveles de CO2 se han producido muertes por insuficiencias respiratorias a pesar de los esfuerzos de los científicos por crear purificadores de aire portátiles y de los gobiernos por hacerlos llegar al mayor número de personas, en el menor tiempo posible. No se ha podido evitar que más de un 51% de la población fallezca en las primeras semanas en las que los niveles han llegado a convertir el aire que respiramos en veneno para el ser humano.

    Las inmensas cantidades de CO2 que hemos emitido han acabado con gran parte de las especies animales, entre las cuales se encontraban aquellas que nos proporcionaban alimentos. Investigadores de todo el mundo trabajaron en una solución para salvar a las vacas, una de nuestras principales fuentes de proteínas, pero el daño ya estaba hecho. A pesar de que fueron capaces de encontrar un remedio para evitar la muerte masiva, más de un 70% de la población vacuna desapareció y la producción de carne se vio reducida a unos niveles insuficientes para el abastecimiento de la población. La mayoría de las personas no podían comer carne por su escasez, lo cual conllevó a la falta de vitamina B12 y al debilitamiento de una parte importante de los supervivientes.

    En un proyecto mundial para intentar salvar nuestro planeta, las mentes más brillantes del mundo se juntaron para idear una solución. Este proyecto tuvo éxito y consiguieron desarrollar una semilla que se plantaba y en solo una semana podía ser recolectada. Esta planta era fruto de las investigaciones desarrolladas a partir de una mutación del ADN de una vaca para aportar las proteínas que las plantas no podían aportar. Al unirse científicos de todo el mundo se buscaba un alimento que pudiese cultivarse en todo el planeta, por ello también se utilizó el Acer palmatum, arbusto que soporta todos los climas, y una Actinidia deliciosa, comúnmente llamado árbol del kiwi, para aportar sabor al nuevo alimento y sobre todo un rápido crecimiento, que ha permitido evitar la muerte por malnutrición de millones de personas.

    Pero por cada problema que se resolvía aparecía otro y era aún más grave. A causa de los altos niveles de CO2 los polos se habían derretido ya que el dióxido de carbono había aumentado la temperatura media de la Tierra y como consecuencia de la desaparición de los polos, los océanos y mares subieron su nivel. Esto supuso que ciudades cercanas al mar se viesen afectadas e incluso algunas como Venecia llegasen a desaparecer...

    Por si esto fuera poco, se le suma la contaminación de nuestros mares y océanos. Más del 82% del agua se encontraba cubierta por basura y desechos humanos, como plásticos, y esto provocó que la vida en el mar se acabase. Tuvimos que proteger las especies mediante la cría en cautividad en piscinas alejadas del mar para evitar la extinción total de la fauna y flora marina.

    Desde el año 2357 el consumo de plástico estaba prohibido, pero esta medida llegó demasiado tarde para nuestros mares y océanos. Por ello, una vez solventando el problema más urgente, como era producir comida con los nutrientes necesarios para el desarrollo de la vida humana, empezó a plantearse la necesidad de recuperar los mares y océanos del planeta. Cuando las mentes más brillantes del mundo se unieron contra un enemigo común, en este caso el plástico, consiguieron lo que parecía increíble, modificar la bacteria ya existente en la naturaleza, Ideonella Sakaiensis, una mutación de la Ideonella que ya se alimentaba de PET (tereftalato de polietileno), uno de los componentes más utilizados por la industria. Esta bacteria degrada el plástico. Siguiendo los estudios de la Doctora Kohei Oda, que identificó la enzima que trabaja en presencia de agua para romper el PET, llamada ISF6_4831, fueron capaces de crear una bacteria artificial llamada Plasticus Terminator, que no solo era capaz de degradar el plástico, sino que conseguía transformarlo en un nutriente para la fauna marina.

    Gracias a este descubrimiento comenzó la repoblación de los mares con los ejemplares conservados de forma artificial gracias a la cría en las piscifactorías y se está recobrando la vida en los mares y océanos.

    Poco a poco nuestro planeta se va recuperando. Solo espero que esto sirva para que aprendamos que la ciencia y la industria siempre han de ir a la par del respeto por la Tierra y su hábitat, ya que el futuro de nuestra especie depende de ello.

  • ADULT

    La dona de la balma

    La dona de la balma

    L’Anna s’assegura de tancar bé la porta del centre d’interpretació. Camina cap al cotxe amb el pensament ja en una altra banda. Alguna cosa la sorprèn. Li sembla veure una ombra que es belluga sota la balma.
    No pot ser, pensa. A veure si he deixat el reixat obert. Potser l’últim visitant s’ha quedat a dins embadalit mirant les dones ballant de les pintures. S’apropa, i sí. Pot veure una figura. Crida des de la distància.
    —Hola! Què fas a dins de la balma? T’has quedat tancat abans? Ara vinc!
    Mentre s’apropa, l’Anna comença a veure més nítidament. És una dona. No s’ho pot creure, va vestida amb una faldilla llarga, cenyida a la cintura. Nua de cintura en amunt, amb una mena de bossa a coll i un collaret. Té la pell fosca i els cabells lligats, igual que les dones que dansen. Les dues es miren sorpreses.
    —Però...tu qui ets? Què hi fas aquí dins? D’on has sortit? —Li pregunta l’Anna.
    L’Anna mira cap a tot arreu. Deu ser una broma de mal gust. Es belluga nerviosa i alerta. La noia sembla com acabada de sortir d’una màquina del temps.
    —He baixat de la foranca —diu— a mirar les pintures des de sota la pedra.
    —Però... no pot ser, de la pintura dius? L’Anna se la mira amb cautela. No sembla perillosa. La tanca de separació ajuda a mantenir la distància.
    —Sí. Sóc una de les dones que està dibuixada. He desitjat moltes vegades baixar a contemplar l’escena del ritual del dia més llarg. Tu, qui ets?
    Mare meva! Pensa l’Anna. Està pitjor del que m’esperava.
    —Jo... jo sóc l’Anna, la responsable del centre del Cogul. Cuido les pintures, es pot dir.
    —Cuides les pintures? —diu contenta— Que bé! Així ningú més les podrà repintar o esborrar. Recordo que n’hi havia moltes per aquesta zona del riu Set, però han desaparegut.
    —Moltes més, dius?
    —Sí, delimitant el pas dels cérvols i cabres que cacem per quan fem alguna cerimònia. Tu continues caçant en aquesta zona?
    —Jo no gaire, la colla d’homes del poble ho fan sovint els caps de setmana.
    —Caps de setmana? Tu no caces? No t’agrada?
    —No està ben vist, és una tasca d’homes. Jo cuino després el que portin.
    L’Anna va rumiant de pressa què ha de fer, mentre li contesta a les preguntes. Està clar que no està bé aquesta dona. Agafa el mòbil dissimuladament i marca un número.
    —Tasca d’homes? No aneu junts? Per nosaltres, és un dia especial en què tota la tribu participa. No cacem sovint grans peces. Normalment atrapem conills, que són més fàcils. El dia del cérvol però, que és el dia més llarg, el matem per donar les gràcies a la natura i commemorar l’arribada de la calor, els fruits, les arrels i les plantes.
    —Albert, sóc l’Anna. Truca als mossos que vinguin al centre. —diu fluixet. —No, no passa res, però que vinguin, estic bé, he de penjar.
    La noia se la mira.
    —Què és això?
    —Res, un telèfon.
    —Telèfon?
    —Serveix per comunicar-nos —l’Anna li segueix la conversa desconcertada—et trobes bé? No recordes com has arribat? He trucat perquè ens vinguin a buscar.
    —A buscar? Jo he d’esperar la meva tribu. Demà és el dia que el sol es pon més tard i nosaltres l’acompanyem fins que desapareix. Cacem un cérvol aquest vespre, a la vora del riu, i demà ho celebrem.
    L’Anna continua al·lucinada. Si és una boja, en sap molt de com vivien els pobles de l’Epipaleolític. Ai mare, que diu que vindrà més gent. On són els mossos i l’Albert, que no ve?
    —Ah, feu la dansa fàl·lica demà?
    —La dansa què?
    —L’home de la pintura... El del penis...
    —Aquest? No el vam pintar nosaltres, va aparèixer un dia del no res, algú d’una altra tribu, que volia protagonisme. I amb això tan gran...ja li agradaria!. Aquesta pintura la van començar a dibuixar les nostres ancestres, per representar el dia de la gran cacera. Totes juntes ens dirigim a la gran festa, i les dones de la tribu cuidem i venerem la pintura.
    L’Anna es queda parada. El que ella explica al centre és una altra teoria. L’home, la dansa fàl·lica, l’acte procreador amb les dónes que dansen al seu voltant, la virilitat... què és això del solstici d’estiu?
    Del no res, un grup de dones i homes s’apropa. Són una vintena de persones. On són els mossos? I l’Albert? L’Anna corre cap al cotxe i es tanca. La noia surt de la reixa amb l’agilitat d’una gata, i s’afegeix al grup. Baixen cap a la vall del riu. Ella tremola, veu com s’allunyen. La noia mira enrere, somriu i aixeca la mà. L’Anna fa el mateix. Els perd de vista, té el cor desbocat. Ara no veu ningú, no pot reaccionar.
    S’escolten sirenes. No sap quant de temps ha passat. Només pensa que ha d’escriure tot el que li ha dit la noia, la història és diferent!. Està molt excitada, què li explicarà ara a l’Albert? I als mossos?
    JOVE
  • HELDUAK
    GAZTEAK
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    Casiopea

    Casiopea

    Nunca vira tal cousa. Augamares cabeza abaixo axitando as súas extremidades hacia arriba, turrando contra o fondo dun acuario! O luar filtrábase dende a superficie do mar a través da claraboia. Abondo para comprobar que era medianoite co meu reloxo de man. O acuario agochábase no medio da parede do gran salón.

    Nese intre avanzou alguén entre as sombras. A presenza sobresaltoume mais axiña recoñecín de quen se trataba. Aquel home prendeu un dos seus cigarros de algas e comezou a falar:

    -Velaquí a Casiopea, a augamar invertida. Estes especímenes recollímolos na nosa derradeira visita ó Caribe. Son criaturas moi especiais.
    -Abofé que si. Nunca imaxinei augamares puxando no chan e contravindo de modo tan desconcertante a súa condición.
    -O comportamento de Casiopea é absolutamente normal querido profesor. Para entendelas deberá fixarse nos seus pés, tinxidos dunha intensa cor verde. Agora poderá observar mellor do que lle estou a falar.

    Cun resorte oculto debaixo do acuario alumou o volume do mesmo, que puiden calcular en non menos de oitocentos ou mesmo ata mil litros.

    -Ese verdor procede dos infusorios que medran no interior das augamares. Coa fotosíntese fabrican o alimento que precisa o seu hóspede para sobrevivir. É por iso que Casiopea adoita mostrarse invertida: para favorecer a súa proliferación.
    -Nunca deixa vostede de sorprenderme. Son fermosas e agora que me revelou a súa natureza non podo máis que admirar o inxenio e agarimo co que manteñen as algas. Coma nunha horta. ¿Pero qué sacan elas mesmas de proveito?
    -Non seña inxenuo. Os infusorios poderían vivir libres a mercé das correntes, mais tamén dos depredadores! As augamares ofrecen refuxio e alimento xa que os detritos do seu metabolismo posúen nutrientes esenciais para a fotosíntese. Só esixen un pouco de dedicación por parte do hóspede, que vive o revés para que poidan dispor dunha boa dose de luz.

    -¿E o seu nome? Casiopea é unha constelación do ceo boreal. Seguramente saberá vostede tamén se existe algunha conexión entre augamares e estrelas.
    -En efecto. Na mitoloxía grega Casiopea foi castigada por Poseidón quen a amarrou a unha cadeira, de xeito tal que cando rota a bóveda celeste fica a metade do tempo cabeza abaixo.

    Dito isto deu por rematada a conversa. O home apagou a luz, esmagou o cigarro nunha cuncha e afastouse entre as sombras. Fiquei alí, mirando as augamares afanadas en manter os pés cara arriba cun anhelo que xa non me semellaba infrutuoso…
    MOZO

TALLER

NUEVAS NARRATIVAS DE CINE. GÉNERO Y CIENCIA FICCIÓN

4 de junio 2019, 17:00 horas

Residencia de Investigadores (anfiteatro)
Hospital, 64, Barcelona

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