Publicado un 12 de marzo

Introducción
El día que comencé a preparar el experimento era martes. Estábamos a finales de septiembre pero todavía hacía calor. En aquella ciudad no se conocía el invierno hasta casi acabado el año, pero yo todavía no habría de saberlo. El ritmo de la cosas, como un preludio de lo que posteriormente sería mi vida, avanzaba costosamente, a duras penas bajo el sol abrasador. Me habían dicho, así por encima, aquel martes a primera hora, que me iba a dedicar a purificar una proteína de la ruta de transporte de los complejos antena en los cloroplastos. Almudena, ¿no? Me preguntó él, Alberto, que todavía era una cara extraña en un mar de rostros nuevos. No era mucho mayor que yo, pero me miraba como si el departamento de biología molecular fuera un reino del que él poseyera las llaves. Tenemos muy buenas referencias tuyas, estamos deseando tenerte en el departamento.

Métodos y materiales
Puse a incubar las placas a treinta grados. Me repetí a mí misma mentalmente el orden de todo lo que había echado, por si acaso. Almudena de verdad, me decía siempre, a estas alturas...
Recordaba perfectamente los primeros días. Trabajando en silencio, siempre mirando desde lejos cómo funcionaba aquello que no había usado antes. Me gustaba imaginar el momento en el que sabría qué trucos podía hacer para facilitarme a mí misma el trabajo en el laboratorio. Soñaba con ser yo la que le dijera a algún alumno en prácticas que dos horas eran suficientes aunque en el protocolo pusiera tres, que podía echar esto o aquello en un orden u otro. Sin embargo, parecía encontrarme a años luz de ese día. Me mareaban aún cosas que debería haber sabido hacer después de cuatro años de carrera. Y pensaba, pensaba muchas horas en mis compañeras, en que Amparo llevaba ya dos meses de baja y en que Alberto comentaba, siempre en ese grupo pequeño de quienes se rodeaba, bajito, que ya se le había ido a la pobre todo a la mierda.

Resultados
Tenía treinta y dos años el día en el que me presenté a media mañana en su despacho. Había meditado tanto lo que iba a decir, cómo iba a decirlo y aún así, se me escaparon las palabras de la boca sin que pudiera detenerlas, para que acabasen flotando en el aire, alrededor de ambos, entre los dos, solidificando una verdad que unos meses más tarde acabaría cayendo sobre mis hombros. Estoy embarazada. Me dio la enhorabuena, por supuesto, porque uno nunca espera que un embarazo vaya a ser motivo de desagrado, de pena, de decepción. Tenía que poner buena cara y hacer como que no era un imprevisto incómodo. Pero después del abrazo, cuando las palabras que había dicho se disolvieron definitivamente en el aire y a él no le quedaron ganas de seguir sonriendo, me miró a los ojos como si pretendiera encontrar dentro a una Almudena distinta. ¿Tú estás segura de esto? Le dije que llevaba posponiendo el embarazo unos años. Joder, Almudena, que estás a punto de publicar, que por fin están saliendo las cosas.
La niña tenía que haber nacido un doce de marzo. En mi mente, como siempre, repasé todo lo que tendría que haber ido bien, todo lo que podía ir mal. A estas alturas, Almudena... Lloré durante tres días seguidos, como si mis ojos se hubieran vuelto líquidos para siempre. Después de eso, desestructuradas las formas, los límites de mi vida, no me quedó más remedio que continuar con el orden impuesto para las cosas, y volví al laboratorio sin que hubiese llegado todavía la primavera.

Discusión
Cuando era pequeña no soñaba con nada en especial. Cada día cambiaba de idea como si el futuro tuviera varias páginas y yo pudiera habitar en todas ellas, cambiando de personaje a mi antojo, sin consolidarme nunca en uno de ellos. Me preguntaban qué quería ser de mayor y a todo me decían que estaba bien. Siempre estaba bien.
A veces pienso en esa época, en lo capaz que me sentía de rellenar como quisiera ese hueco en la línea del tiempo que iba a ser mi vida, y todavía me pregunto cómo es posible que cupiese tanta ambición en un solo cuerpo. Hoy, abrazada a la ciencia como a una madre en la que me refugio, llorándole la pena que aún me atormenta, puedo escuchar su voz arropándome, y me consuela saber que es capaz de silenciar lo demás, el ruido del mundo, que gracias a ella puedo existir en todas las páginas que quiera.
  • Visites: 226

ESCOLA D'ESCRIPTURA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

EDITORIAL GALAXIA

AEELG

METODE

RESIDENCIA D'INVESTIGADORS

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

AELC

IDATZEN

EL HUYAR

EUSKAL ETXEA

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA