Ciberguerra verde

Cuando caminamos por el bosque, a primera vista, los árboles y plantas pueden parecer criaturas solitarias, centradas en su propio crecimiento y supervivencia. Sin embargo, bajo el suelo, se escribe una historia muy diferente…
Secretamente, árboles y plantas llevan cientos de millones de años comunicándose, apoyándose, “comerciando” con nutrientes e incluso declarándose la guerra. Ésta asociación se consigue a través de una red simbiótica de hongos que crece alrededor y en el interior de sus raíces -una de las partes más complejas y avanzadas de su fisionomía-. Son las denominadas micorrizas (Mico: hongo y Riza: raíz). Su arquitectura y dinámicas han sido bautizadas como el internet de las plantas. Y tiene mucho sentido…
Esta historia transcurre en un bosque gallego en el que las cosas han cambiado mucho en el último siglo. Aquellos montes, antes granados de robles carvallos, castaños, aromáticas y matorrales repletos de bayas de todos los colores, hoy se encuentran colonizados por los nuevos dueños y señores de la zona: los eucaliptos.
Llegaron desde Australia hace más de 50 años con la promesa de reflotar la economía local y, debido a su rápido crecimiento, hoy dominan el paisaje de los montes gallegos. El problema de los Eucalyptus globulus es su extraordinaria capacidad invasora, que tiene efectos devastadores sobre la biodiversidad. Pero no todo está perdido; todavía quedan héroes que vivieron el esplendor de los montes pretéritos y que están dispuestos a recuperar lo que siempre fue suyo.
Gervasio es un imponente castaño de más de 200 años que sobrevive en una finca de la localidad de Bueu, en la comarca del Morrazo (Pontevedra). Añora los tiempos en los que compartía su “red” de micorrizas con semejantes y otras especies autóctonas. Compartían recursos, ayudaban a los más necesitados, se avisaban entre ellos cuando había algún peligro acechando…vivían en armonía con el ecosistema.
Todo cambió cuando llegaron los primeros eucaliptos. Rápidamente empezaron a "hackear" las redes que funcionaban hacía milenios, acaparando todos los recursos para su beneficio, bloqueando los canales de comunicación entre especies autóctonas y acabando con la mayor parte de la biodiversidad de la zona.
En muy poco tiempo, el monte se convirtió en una auténtica dictadura de los eucaliptos. A través de un dominio absoluto de la red, aislaban y envenenaban a los competidores más débiles, tal y como habían aprendido de las estrategias invasoras de las orquídeas y los nogales negros de su tierra natal. Cualquier intento para acceder a los recursos por parte de la facción endémica, era rápidamente aplastado por la dictadura. Las pocas especies autóctonas que subsistían en los montes del Morrazo, se resignaron a intentar sobrevivir a la sombra de los gigantes australianos, convirtiéndose en meros nodos de la red, sin ningún privilegio. Pronto se dieron cuenta de que, en realidad, se habían convertido en sus esclavos.
Pero un día, Gervasio decidió que ya era suficiente. Empezó a pensar en la manera de recuperar los montes que había conocido en su juventud -plagados de diversidad, abundancia de nutrientes y la fauna más variada-, haciendo frente al férreo control de los eucaliptos. Necesitaba ayuda, eso por descontado. Pero, ¿qué hacer?
Decidió utilizar la parte más profunda de la red para lanzar un mensaje encriptado que no pudiese por ser descifrado los eucaliptos. El mensaje iba dirigido a un joven “bosque sagrado” celta que estaba a pocos metros y había sido plantado no hacía mucho por la dueña de la finca. Lo componían un tejo, un acebo y una familia de robles carvallos.
Gervasio planeaba tejer una red alternativa, indetectable para los eucaliptos, que volviese a poner en contacto a toda la flora endémica y así recuperar el control sobre el territorio que les había sido robado. Su idea era utilizar otro tipo de hongo: las endomicorrizas que, aunque pueden convivir con las ectomicorrizas –utilizadas por los eucaliptos-, no comparten información.
Afortunadamente, el mensaje llegó a su destino sin ser detectado. Los integrantes del bosque sagrado, liderados por el tejo, aceptaron la propuesta de Gervasio y juntos, comenzaron a experimentar con la nueva red de endomicorrizas. Primero fueron informando a sus semejantes de los planes de Gervasio que, rápidamente, se convirtió en el líder de la revuelta.
La comunidad fue creciendo y pronto empezaron a perfeccionar el uso de la nueva red. Técnicamente podían estar desconectados de la red principal, aunque no lo hacían para evitar levantar sospechas entre los eucaliptos.
Hasta que llegó el día. Una vez el grupo fue independiente y con un número considerable de ejemplares dispuestos, emprendieron el asalto a la red de los eucaliptos para recuperar todos los recursos que estaban siendo malgastados. Fue un ciberataque silencioso y por sorpresa...
La victoria fue aplastante. Por fin, los montes gallegos alcanzaron un nuevo equilibrio en el que autóctonas y eucalitptos pudieron vivir en paz.
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