Volverán los buenos tiempos

Hacía tiempo que no veía a los viejos tan procupados. Los pescadores no hablamos a menudo. Los niños juegan como siempre entre los desperdicios ajenos al problema, pero todos sabemos que está ahí. Se respiran malos presagios en el ambiente.
Nuestros antepasados llegaron a estas islas hace más de cien años. Eran colonos, aunque algunos dicen que eran los supervivientes de un naufragio. Sea como fuera, ellos se establecieron aquí e hicieron de este continente de basura su hogar. El mar siempre fue generoso con nosotros. Las aguas nos daban pescado, algas y plásticos. El cielo nos traía lluvias abundantes y sabrosas aves marinas. Construimos nuestras casas con cajas y cardúmenes flotantes; nuestras balsas de pesca con bidones y garrafas. Nuestros depósitos de agua dulce con sacos. El océano también nos proveía de latas con las que hacíamos nuestras herramientas. Siempre hemos sido gente trabajadora.
Hemos sido gente sociable… sabíamos que había otros pueblos más allá del mar, en las islas de tierra firme. Con ellos hemos comerciado y nos hemos casado, no hemos sido unos salvajes.
Pero hace unos años todo empezó a cambiar. El tiempo se volvió loco, dejaron de llegar montañas de hielo, el nivel del mar subió y engulló a las islas de piedra. Sus habitantes montaron en aquellos buques y nunca más los volvimos a ver. Muchos creímos que los dioses les habían castigado por algún motivo, lo cierto es que nuestros islotes siguieron a flote y continuamos con nuestra vida. Solos pero trabajando duro, como siempre. Aunque lo peor estaba por llegar.
Y es que poco después el mar comenzó a traer cada vez menos plásticos. Poco a poco tuvimos que retirarnos al interior a medida que los polímeros más viejos se cuarteaban y se dispersaban. Nuestro querido hogar se ha ido haciendo más y más pequeño. Parece que el castigo de los dioses también nos ha tocado a nosotros. Hace un mes construimos una gran balsa con nuestros mejores bidones. Muchos hombres iniciaron un viaje para buscar las fuentes del plástico… para descubrir por qué las corrientes marinas han dejado de traer basura. Cada amanecer subo a la montaña de poliestireno y miro al horizonte deseando verlos volver con noticias, pero mis anhelos no son recompensados por lo que puedo contemplar… por esas aguas infinitas cada vez más limpias… cada vez más desiertas.
Por las noches me tumbo cansado en la gomaespuma húmeda. Mi esposa me mira en silencio porque conoce mis preocupaciones. No solemos hablar del tema pero los dos lloramos a veces.
No sé cuánto tiempo más podremos vivir aquí. No sé dónde podremos ir. No sé qué será de nuestros hijos. Pero cuando los miro a ellos, felices, inconscientes, retorna la esperanza y un rayo de optimismo me atraviesa porque sé que, a pesar de todas las dificultades, a pesar de todo nuestro sufrimiento, los buenos tiempos volverán. El océano volverá a traernos sus plásticos, su carga de bendita basura para que nuestro hogar siga en pié. Sé que volverán los buenos tiempos. Sé que sucederá.
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